lunes, 28 de septiembre de 2015

Sobre "Arrugas" y las labores de cuidado

 Ayer vi “Arrugas”, el largometraje basado en el cómic de Paco Roca y me destrozó. Tan sólo con leer la sinopsis sabía que la película me iba a tocar, y a medida que iba odiando a todos los personajes con los que me podría sentir identificada, más triste me ponía, más misantropía me generaba.

La película trata sobre Emilio, un hombre de edad avanzada, mayor, viejo, abuelo… que comienza a ser dependiente y cuyo hijo decide internar en un centro geriátrico. A medida que va pasando el tiempo, la enfermedad de Emilio avanza (Alzheimer), por lo que él y su amigo Miguel desarrollan varias estrategias para que los médicos no se den cuenta y así no le envíen a la sala donde están todas las personas plenamente dependientes, una sala a la que le tienen mucho miedo.

No es nada nuevo que los cuidados de personas dependientes son un tema muy abordado por el feminismo y que requiere un gran trabajo de género. En “Arrugas” se presentan al menos a tres personajes femeninos con tres diferentes papeles en el trabajo de los cuidados:

  • La mujer del hijo de Emilio, la cual siente pena al ver cómo su marido está tratando a su padre. Es paciente y dulce, trata de escucharle e intentar comprenderle. Más allá de darle la cena, intenta que los cuidados de Paco no sean una tarea tediosa o no se vean como tal. Y al fin y al cabo, eso es cuidar, es alimentar, pero también hacerlo desde el cariño y la delicadeza, sin hacer sentir a la persona cuidada que está siendo menospreciada y una carga.
  • Antonia, una mujer cuya familia ha olvidado y que apenas visita. Ella lo plantea como que no quiere ser una carga para nadie. Se mantiene alegre, positiva y cariñosa con el único nieto que la visita en Navidad. Tras mucho tiempo sola, decide buscarse una amiga en la residencia que le haga compañía, demostrando la importancia de la sororidad, del cariño fuera de la familia y de la compañía.
  • Dolores, una mujer que goza de plena salud y que ha decidido vivir en el centro geriátrico porque así podrá cuidar de Modesto, su marido totalmente dependiente. En un momento Miguel, amigo de Emilio, comenta su incomprensión hacia Dolores, ya que ella podría seguir teniendo una vida corriente a lo que Antonia contesta: “No lo podrás entender, porque nunca has querido a nadie”.

Básicamente el principal problema de las tareas de cuidados.

Estas tareas no se encuentran reconocidas dentro del sistema capitalista porque no generan ningún tipo de beneficio contable o que se pueda contabilizar en términos económicos. O más bien, no se ha diseñado ninguna forma de estudiar el beneficio que proporcionan a la sociedad, porque el neoliberalismo no se podría sostener si empezásemos a cotizar y asalariar a todas las madres, hijas, esposas y cuidadoras que se encargan de que todo vaya funcionando mientras ellas se quedan a un lado. Son las tareas más necesarias y también las más olvidadas, ya que se quedan fuera de la esfera de los mercados del sistema capitalista y que van desde quién te da la cuchara cuando tienes cinco años, hasta quién se ocupa de respaldarte hasta que te puedes valer por tí mismx, pero también te cuida cuando ya no lo puedes hacer, o quién es un respaldo emocional en cada momento de tu vida. Como bien dice Amaia Orozco, “Esta crisis de los cuidados tiene unas implicaciones de género centrales, ya que, en gran medida, el reparto histórico de los trabajos de cuidados ha estado asociado a las relaciones de poder de género, así, tanto los fenómenos de desequilibrio como de reequilibrio están profundamente marcados por el género”. Algunas de estas tareas han podido ser sustituidas por trabajos mercantilizados (para aquellos que pueden permitírselo económicamente), pero también existen otras tareas que no han encontrado un sustituto en el sistema neoliberal.

Sin embargo, y siguiendo con la línea de Orozco, estas labores de cuidados no se deben delimitar a lo subjetivo y a las condiciones morales y emocionales de “la buena madre” y “la buena esposa”, ya que pueden acabar derivando en la clásica dicotomía de cómo las mujeres tenemos mayor predisposición para realizar los cuidados emocionales, que deriva en que muchos hombres no realicen su trabajo en casa. Hace poco leí precisamente este artículo que lo mencionaba y que hace una llamada a deconstruir la masculinidad para no sobrecargar al género femenino con todas las tareas que mantienen el bienestar de la sociedad, visto como “el buenvivir”, la felicidad y el cuidado. En definitiva, que todos tenemos que venir de casa con el trabajo emocional hecho (este masculino genérico ha sido conscientemente elegido), para poder cuidarnos los unos a las otras.

En “Arrugas” se plantea al centro geriátrico como un lugar triste y donde sus protagonistas se mueven en un halo de tristeza, melancolía y soledad, aunque en ella encuentren la amistad, probablemente el tipo de relación interpersonal menos valorada por la sociedad. Me atrevo a decir que el centro no es el problema, ya que sus trabajadores hacen una digna labor de cuidados y atención a las personas mayores, sino la sensación de Emilio, Miguel y Antonia, de que han sido abandonados allí, que sus cuidados son una carga que las personas totalmente dentro del sistema capitalista y de las 40 horas de trabajo semanales, no pueden hacer. El problema es que estas labores se hacen a lo largo de toda la vida, pero recobran mayor visibilidad cuando el altruismo no cabe dentro de nuestros horarios. Uno de los personajes de la película, Miguel, comenta que los viejos son encerrados en el geriátrico cuando ya no son suficientemente ágiles para recoger a los nietos a la puerta del colegio, lo que me lleva a la reflexión de la división en cuidadores y cuidados y cómo sólo se pone en valor aquellos trabajos reproductivos que pueden ser equiparados o sustituidos por un empleo o trabajo valorado en términos de economía capitalista. ¿Qué hay de la transmisión de cuentos orales, del mantenimiento de culturas, esa labor que han hecho durante siglos los abuelos y las abuelas? ¿Y la transmisión de conocimiento? ¿Y el entretenimiento, las risas, la compañía, no son también, en cierta medida, labores de cuidados? “Se ocultan las aportaciones de quienes son vistas/os como dependientes; la dependencia se convierte en una situación estática e individualizada en lugar de reconocerse como un cambiante resultado de procesos sociales; se crea una escisión entre “nosotras” –las activas, las que cuidamos, las que elaboramos teoría, las que reclamamos la condición de plenas ciudadanas– y “las otras” –las receptoras pasivas del cuidado, cuyas voces permanecen ocultas–; se esconden las propias necesidades y dependencias de quienes cuidan” (A. Orozco, de nuevo).

Más allá de la perspectiva feminista y para dejar de convertir este artículo en una cita constante de Amaia (para eso la leéis a ella), el tema de los cuidados y su evolución me preocupa también debido a mi situación de migrante lejos de personas a las que me gustaría cuidar en algún momento. La patria no es algo que me importe, la verdad es que me molesta bastante su propia existencia, y pagar mis impuestos en España me da bastante igual. Siento pequeñas dosis de responsabilidad, al haber estudiado en la pública toda mi vida, pero nada más. El problema de vivir fuera del Estado donde habita mi familia es la cercanía, pero no sé si se resolvería si viviese en las mismas fronteras que las personas a las que tendré y querré cuidar algún día. ¿Es posible crear una comunidad donde las labores de cuidados se realicen de forma equitativa en la ciudad? Pese a que esté en contra de la idealización de lo rural, básicamente porque me parece una perspectiva bastante burguesa, me atrevería a decir que la lentitud del campo, el vivir despacio, ayuda con creces a estas labores de cuidado. Algo similar a lo que comenta María Gómez Javaloyes aquí.

Por otra parte, considero necesario que sigamos fortaleciendo las relaciones de amistad y que les demos la importancia que se merecen. Centrarnos en cuidar tan sólo a la familia sería dejar vencer al sistema capitalista que tan sólo cree en el amor romántico como el único amor verdadero. La amistad no debe ser un valor que sólo se cuide en la juventud, sino que nos ayuda a cuidarnos emocionalmente toda la vida. Y básicamente, ese es el mensaje de “Arrugas”, esa película que anoche me destrozó, pero que ha llevado a toda esta reflexión.

martes, 16 de junio de 2015

Guillermo Zapata y la opinión mediática

Guillermo Zapata no es sólo un guionista, activista o concejal destituido de su cargo debido a la presión mediática. También es un agitador cultural que ha cuestionado los medios y ha estudiado las nuevas formas de comunicación y fenómenos mediáticos como se puede leer en su blog Crónicas del Hype, ahora convertido a una columna del eldiario.es. Ya se ha hablado mucho sobre el contexto, sobre qué se dijo y cómo se dijo, sobre los límites del humor… pero se ha pasado por alto que, en plena campaña de defensa o de análisis del caso Vigalondo y el supuesto negacionismo del Holocausto, Guillermo Zapata lo que realmente hizo fue realizar una crítica a los grandes grupos de medios como Prisa.

Zapata también es uno de los autores que firma el libro CT, Cultura de la Transición, una perspectiva crítica sobre lo que aconteció tras 1975 y cómo se ha consolidado a día de hoy. Hoy he leído este artículo que escribió sobre las conversaciones políticas con su madre y cómo a veces les resulta difícil estar de acuerdo, o mejor dicho, llegar a un acuerdo y consenso. ¿Y a quién no le ha pasado? La generación de mis padres y la mía, estamos más cerca de lo que creemos en cuanto a lo que queremos, pero el nihilismo y la decepción o desconfianza de su generación más tal vez la ilusión y velocidad/ansiedad/instantaneidad de la mía nos separan tal vez en las formas, tal vez en los medios o en las configuraciones.

Creo que estos dos puntos son cruciales para entender lo que ha ocurrido estos días en el gobierno de Ahora Madrid: resulta muy fácil construir un nuevo relato a partir de los tweets de Guillermo Zapata si no se contextualiza adecuadamente. Me refiero no sólo a que Nacho Vigalondo fuese despedido del Grupo Prisa por llenar su timeline de chistes negros, y que los propios tweets de Zapata fuesen citas de lo que se había leído aquellos días, sino también creo necesario entender que el PP ha sabido jugar con la carta del relato simplificado y repetido, con el poder de los medios y con el desconocimiento de Twitter, su rapidez y su sarcasmo en una gran parte de la población. La pregunta es si queremos estar cayendo en estas redes constantemente, si queremos jugar con su ética de lo que es correcto y lo que no. En la rueda de prensa sobre su destitución, una periodista preguntó a Zapata su opinión sobre los escraches. Hubiera sido lo mismo preguntar por la okupación o por cuando el 15M se quedó en Sol sin permiso de la policía. La ética de quien forma la opinión pública tiene los mismos intereses que aquella élite que nos ahoga, la que nos deja sin casa, sin trabajo, sin educación ni salud pública, a través de privatizaciones, de enriquecimiento en pocas manos, de malversación de fondos y escape de capitales. Que a su vez pretende que no alcemos la voz mientras lo hacen y generar una imagen de delincuencia (antisistema) sobre aquel que participe en la paralización de un desahucio, por poner un ejemplo. No es más que una estrategia de comunicación maniqueísta que busca un enemigo fácil y la estrategia del miedo.

La derecha y el capital siguen poseyendo los medios y el poder de generar la imagen del bien y del mal. Han sometido a presión y acoso mediático a Guillermo Zapata hasta que ha dimitido. De poco sirve el contexto (el contexto, el contexto… que hemos hablado ya mucho de ello), o que aquellas citaciones se realizasen hace 4 años, momento en el que Zapata no poseía ningún cargo público. En cuatro años, le ha dado tiempo a Zapata a escribir sobre muchos temas y mostrar su opinión sobre tantos otros, ¡e incluso cambiarla! Pero no es eso lo que cabe dentro del relato construido. ¿Por qué no se ha producido un acoso de tal magnitud a ninguno de los protagonistas de estos otros relatos?

Lo primero que hice en el momento en que leí los tweets de Zapata y de enterarme de lo ocurrido, fue imaginarme que hubieran sido chistes machistas. Que por cierto, no han captado tanta atención mediática. La verdad, tampoco soy muy fan del humor negro. Me puse en esta situación porque sé que saldrá esta equiparación en muchos momentos y discusiones en cuanto ponga un pie en España (porque una feminista, es feminista y sólo feminista a imagen de algunos). Os podéis imaginar la de chistes machistas que una mujer declarada abiertamente feminista tiene que escuchar a lo largo de su vida. Y hacen daño, o a veces pueden llegar a hacerlo, pero depende en gran modo de quién me esté contando o haciendo el chiste. Cuando lo cuentan mi hermano y mi padre, están al límite de enfadarme,  cuando lo cuenta un compañero de trabajo machirulo, saco las uñas. Pero cuando lo cuenta una compañera o un compañero feminista, puedo reírme e incluso devolver el chiste. Es aquí donde están los límites del humor, en el acuerdo no escrito entre interlocutores y en los sentimientos del grupo oprimido. Ninguno de los que han denunciado las citas de Guille Zapata fueron lo afectados por sus palabras, y aún así debería haber sido un problema que se habría solucionado aclarando lo ocurrido, declarando su activismo antirracista y pidiendo perdón. Como bien dice este artículo: “¿O es que nos pensamos que ha sido el lobby judío lo que ha forzado el cese de Zapata, y no el trendig topic #zapatadimisión, las 10.000 firmas que pedían el cese, la presión de El Mundo, Intereconomía, Libertad Digital?”. Pero su destitución y los que la han promovido en realidad tienen otros intereses, han dejado muy claro durante más de 30 años que el dolor de la mitad de la población les da bastante igual como para quitar insignias, nombres de plazas o realizar investigaciones sobre memoria histórica, por ejemplo.

En cualquier caso, ni Zapata se merecía esto, ni nosotros el perder la oportunidad de tener al fin un concejal que comprende el procomún, las nuevas formas de producción cultural y mediática y la participación ciudadana.


 

Notas al pie de post: Tengo un pequeño problema de argumentación oral, como ya os comentaba aquí y que bien merecería un post sobre métodos de estudio, organización de ideas o simplemente sobre lo patosa que puedo llegar a ser, pero no es eso de lo que vengo a hablar escribir, aunque sí es la razón de por qué lo dejo por escrito. Dentro de unos días veré a varias personas que sé que sacarán este tema, y también sé que habrá un momento en el que me haré un lío, me colapsaré o se me olvidará algo que le quería comentar/argumentar/contradecir. Esta vez he decidido escribir aquí mis notas, lo que pienso y creo que puede ser una práctica que lleve a cabo en un futuro.