La permacultura no es una ideología o una secta, es un estilo de vida que más allá de la ecología, pretende cuidar de la naturaleza, de las personas y de las relaciones entre los elementos. No cree el mundo como una serie de elementos individuales, sino como un sistema en su totalidad. Ni siquiera cree en una doctrina a seguir ni en jerarquía académica, cualquiera puede enseñar las bases de la permacultura una vez conoce sus ideas de (casi) autosuficiencia y respeto por el medio ambiente.
Pero además de la ecología, lo más interesante de la permacultura es que propone infraestructuras sociales alternativas como respuesta a la crisis ambiental y social actual. Aunque este concepto aparece de la mano de Bill Mollison y David Holmgren, dos biólogos de Tasmania en los años 70, en la actualidad las oportunidades de teletrabajo y la comunicación vía Internet, dan lugar a nuevas formas de vida en el medio rural que anteriormente no eran posibles. Desde el punto de vista social, la permacultura se encuentra muy relacionada con la idea del decrecimiento, pues una mayor calidad de vida no tiene por qué estar directamente relacionada con un mayor consumo de recursos. Para ello, habría que adaptar el pensamiento y sistema de valores imperante, que cree en la necesidad de una producción constante que posibilite un mayor consumo, hacia la ecoeficiencia y la simplicidad. Esto no significa la vuelta al primitismo o renunciar a muchas de las facilidades que nos proporcionan la evolución tecnológica. De hecho, encuentro muchas similitudes entre la filosofía de la permacultura y el decrecimiento, y el software libre, en especial el espíritu en cierto modo “punk” del DIY (Do it yourself o hazlo tú mismo). Evitar la lavadora, el ordenador y otras herramientas que facilitan nuestro día a día, me parecería una idea maniqueísta y simplista.
Es cierto que la vida en el medio rural hace mucho más fácil una vida sencilla y ecológica, pero no creo que deba quedar excluida en las ciudades. El empleo de la bici como modo de transporte, los huertos urbanos, la reducción del consumo, en general, no suponen un gran esfuerzo y que, considero, mejoran nuestra forma de calidad de vida.
(Imagen tomada de SteamPatchCompany)

Es la primera vez que escucho el término "permacultura", aunque el concepto sí lo conocía -y en pequeñísima medida lo práctico-. ¡Sigue así, abriendo nuestras mentes, pequeña Lisa Simpson!
ResponderEliminarYo conocía la teoría del decrecimiento, y me parece de lo más interesante que he leido últimamente. Lo de permacultura no, o por lo menos no con esa palabra, y también debería hacernos pensar.
ResponderEliminarBuen artículo ;)