En mi más tierna infancia tenía un hermano. Bueno, lo sigo teniendo, tranquilos todos. Pero cuando era pequeña, podemos decir que no existía diferencias entre lo que mi hermano y yo hacíamos, a veces incluso ni en lo que vestíamos o nuestro corte de pelo. No me dí cuenta de esta educación igualitaria hasta que cuando tuve un choque con la realidad, me dí cuenta de que no, amigos, no existe tal igualdad. Ni de oportunidades, ni de tratamiento. Y entonces me hice feminista.
Mi crecimiento estuvo cargado de mensajes feministas, por parte de mi madre, a la que podemos definir como el prototipo de feminista clásica. De esas que creen que la mujer no debe dejarse engañar por el hombre: Nunca olvidaré un discurso que me dio a los 16 años diciéndome que no tenía que ser una chica fácil (Hola Mamá). O las veces que me repitió que estudiase para ser independiente, que tuviese mi trabajo y, repito, fuese independiente. Autónoma. Que no me atase a nadie. También me aconsejó que no tuviese novio, que tuviese amigos. Nunca me ha incitado a tener una relación estable, la verdad, no ha tenido miedo a que me quede soltera, algo muy prototípico en este país nuestro que es España.
Pero ahí estaba yo, con mi feminismo, clásico, muy Bevoir, muy defensivo. Y entonces me dí cuenta de que no debía decir que era feminista. Porque suscitaba un odio y un rechazo directo, inmediato. ¿La argumentación?
“Todas esas feministas están en contra de los hombres”
(Pero qué me estás contando)
Así que nada, me tuve que reprimir a mi misma, una vez más y tener que dejar de decir que era feminista para decir “que luchaba por la igualdad” porque no, no tenía nada en contra de los hombres, tengo padre, muy majo, tengo hermano, que es muy molón, y tengo amigos chicos (bio-chicos, que tienen pene, como queráis llamarlo), que son geniales… ¿cómo iba a tener yo algo en contra de los hombres? Pero no sólo esa era la reacción mayoritaria, mis favoritas sin duda son: “La culpa del machismo las tienen las mujeres machistas”. ¿Disculpa? Por supuesto que existen muchas mujeres machistas, pero que la culpa de todo la tenga zp, digo, las mujeres me parece la paradoja suprema. Una vez más, una forma de ataque, en gran parte por el colectivo masculino y femenino heterosexual.
En fin, así que me veía reprimiéndome, constantemente: No podía decir que era feminista, por rechazo, y tenía que tener cuidado por ser una chica fácil. No tenía que atarme a una relación y… si alguien hacía alguna broma, o miraba tetas por Internet, tenía que encenderme y señalar con el dedo: “OH TU, ASQUEROSO MACHISTA, APAGA ESO, ESA MUJER NO ES UN OBJETO”. Porque, por supuesto, en mi cabeza no era ella la que había elegido sacarse un pecho, era la sociedad y un hombre, el que le había obligado a ello. Que existen casos, pero también existen mujeres inteligentes, independientes y libres que se desnudan en público. Creo que deberíamos dejar de encendernos por ver tetas y culos, y luchar por los verdaderos problemas y situaciones que nos incumben.
No me estaba dando cuenta de que todos estos comportamientos no eran más que machistas. ¿Por qué una mujer ha de reprimirse en manifestar la lucha por sus derechos e igualdades? ¿Por qué una mujer no puede acostarse con hombres por puro placer? ¿Por qué una mujer no puede desnudarse si le da la gana? ¿Por qué presuponemos en todos los actos que las mujeres han sido forzadas a ello y que no ha sido su libre elección? ¿Estamos poniendo en duda la inteligencia de la mujer? ¿Acaso nos llevamos la mano a la cabeza con un hombre desnudo?
Supongo que conocer colectivos feministas, trans, lesbianas, gays, etc., me hizo reflexionar, y sobretodo, darme cuenta de que es una fase natural, y que existen diferentes formas de feminismo. Algo por lo que me veo discutiendo la mayoría de las veces. Igual que nadie pone en duda que existen diferentes formas de ser de izquierdas, de derechas, ecologista o nihilista, existen diferentes formas de ser feminista.
Pues bien, me llevó 24 años de vida darme de cuenta de todo ello, de descubrir nuevas teorías y, sobretodo, me llevó 24 años de mi vida relajarme y dejar de exigir tolerancia por las diferencias opciones sexuales, ideológicas, ecológicas... opciones en la vida en general, porque como dice Diana J. Torres, en su libro “Pornoterrorismo” “[…] tolerancia no es lo que pido porque eso es asumir que estamos haciendo algo que no deberíamos, algo por lo que debemos pedir permiso”.
De este modo, en la actualidad me manifiesto feminista, mujer, ecologista y de izquierdas. Y me he relajado. Menos mal.