lunes, 28 de septiembre de 2015

Sobre "Arrugas" y las labores de cuidado

 Ayer vi “Arrugas”, el largometraje basado en el cómic de Paco Roca y me destrozó. Tan sólo con leer la sinopsis sabía que la película me iba a tocar, y a medida que iba odiando a todos los personajes con los que me podría sentir identificada, más triste me ponía, más misantropía me generaba.

La película trata sobre Emilio, un hombre de edad avanzada, mayor, viejo, abuelo… que comienza a ser dependiente y cuyo hijo decide internar en un centro geriátrico. A medida que va pasando el tiempo, la enfermedad de Emilio avanza (Alzheimer), por lo que él y su amigo Miguel desarrollan varias estrategias para que los médicos no se den cuenta y así no le envíen a la sala donde están todas las personas plenamente dependientes, una sala a la que le tienen mucho miedo.

No es nada nuevo que los cuidados de personas dependientes son un tema muy abordado por el feminismo y que requiere un gran trabajo de género. En “Arrugas” se presentan al menos a tres personajes femeninos con tres diferentes papeles en el trabajo de los cuidados:

  • La mujer del hijo de Emilio, la cual siente pena al ver cómo su marido está tratando a su padre. Es paciente y dulce, trata de escucharle e intentar comprenderle. Más allá de darle la cena, intenta que los cuidados de Paco no sean una tarea tediosa o no se vean como tal. Y al fin y al cabo, eso es cuidar, es alimentar, pero también hacerlo desde el cariño y la delicadeza, sin hacer sentir a la persona cuidada que está siendo menospreciada y una carga.
  • Antonia, una mujer cuya familia ha olvidado y que apenas visita. Ella lo plantea como que no quiere ser una carga para nadie. Se mantiene alegre, positiva y cariñosa con el único nieto que la visita en Navidad. Tras mucho tiempo sola, decide buscarse una amiga en la residencia que le haga compañía, demostrando la importancia de la sororidad, del cariño fuera de la familia y de la compañía.
  • Dolores, una mujer que goza de plena salud y que ha decidido vivir en el centro geriátrico porque así podrá cuidar de Modesto, su marido totalmente dependiente. En un momento Miguel, amigo de Emilio, comenta su incomprensión hacia Dolores, ya que ella podría seguir teniendo una vida corriente a lo que Antonia contesta: “No lo podrás entender, porque nunca has querido a nadie”.

Básicamente el principal problema de las tareas de cuidados.

Estas tareas no se encuentran reconocidas dentro del sistema capitalista porque no generan ningún tipo de beneficio contable o que se pueda contabilizar en términos económicos. O más bien, no se ha diseñado ninguna forma de estudiar el beneficio que proporcionan a la sociedad, porque el neoliberalismo no se podría sostener si empezásemos a cotizar y asalariar a todas las madres, hijas, esposas y cuidadoras que se encargan de que todo vaya funcionando mientras ellas se quedan a un lado. Son las tareas más necesarias y también las más olvidadas, ya que se quedan fuera de la esfera de los mercados del sistema capitalista y que van desde quién te da la cuchara cuando tienes cinco años, hasta quién se ocupa de respaldarte hasta que te puedes valer por tí mismx, pero también te cuida cuando ya no lo puedes hacer, o quién es un respaldo emocional en cada momento de tu vida. Como bien dice Amaia Orozco, “Esta crisis de los cuidados tiene unas implicaciones de género centrales, ya que, en gran medida, el reparto histórico de los trabajos de cuidados ha estado asociado a las relaciones de poder de género, así, tanto los fenómenos de desequilibrio como de reequilibrio están profundamente marcados por el género”. Algunas de estas tareas han podido ser sustituidas por trabajos mercantilizados (para aquellos que pueden permitírselo económicamente), pero también existen otras tareas que no han encontrado un sustituto en el sistema neoliberal.

Sin embargo, y siguiendo con la línea de Orozco, estas labores de cuidados no se deben delimitar a lo subjetivo y a las condiciones morales y emocionales de “la buena madre” y “la buena esposa”, ya que pueden acabar derivando en la clásica dicotomía de cómo las mujeres tenemos mayor predisposición para realizar los cuidados emocionales, que deriva en que muchos hombres no realicen su trabajo en casa. Hace poco leí precisamente este artículo que lo mencionaba y que hace una llamada a deconstruir la masculinidad para no sobrecargar al género femenino con todas las tareas que mantienen el bienestar de la sociedad, visto como “el buenvivir”, la felicidad y el cuidado. En definitiva, que todos tenemos que venir de casa con el trabajo emocional hecho (este masculino genérico ha sido conscientemente elegido), para poder cuidarnos los unos a las otras.

En “Arrugas” se plantea al centro geriátrico como un lugar triste y donde sus protagonistas se mueven en un halo de tristeza, melancolía y soledad, aunque en ella encuentren la amistad, probablemente el tipo de relación interpersonal menos valorada por la sociedad. Me atrevo a decir que el centro no es el problema, ya que sus trabajadores hacen una digna labor de cuidados y atención a las personas mayores, sino la sensación de Emilio, Miguel y Antonia, de que han sido abandonados allí, que sus cuidados son una carga que las personas totalmente dentro del sistema capitalista y de las 40 horas de trabajo semanales, no pueden hacer. El problema es que estas labores se hacen a lo largo de toda la vida, pero recobran mayor visibilidad cuando el altruismo no cabe dentro de nuestros horarios. Uno de los personajes de la película, Miguel, comenta que los viejos son encerrados en el geriátrico cuando ya no son suficientemente ágiles para recoger a los nietos a la puerta del colegio, lo que me lleva a la reflexión de la división en cuidadores y cuidados y cómo sólo se pone en valor aquellos trabajos reproductivos que pueden ser equiparados o sustituidos por un empleo o trabajo valorado en términos de economía capitalista. ¿Qué hay de la transmisión de cuentos orales, del mantenimiento de culturas, esa labor que han hecho durante siglos los abuelos y las abuelas? ¿Y la transmisión de conocimiento? ¿Y el entretenimiento, las risas, la compañía, no son también, en cierta medida, labores de cuidados? “Se ocultan las aportaciones de quienes son vistas/os como dependientes; la dependencia se convierte en una situación estática e individualizada en lugar de reconocerse como un cambiante resultado de procesos sociales; se crea una escisión entre “nosotras” –las activas, las que cuidamos, las que elaboramos teoría, las que reclamamos la condición de plenas ciudadanas– y “las otras” –las receptoras pasivas del cuidado, cuyas voces permanecen ocultas–; se esconden las propias necesidades y dependencias de quienes cuidan” (A. Orozco, de nuevo).

Más allá de la perspectiva feminista y para dejar de convertir este artículo en una cita constante de Amaia (para eso la leéis a ella), el tema de los cuidados y su evolución me preocupa también debido a mi situación de migrante lejos de personas a las que me gustaría cuidar en algún momento. La patria no es algo que me importe, la verdad es que me molesta bastante su propia existencia, y pagar mis impuestos en España me da bastante igual. Siento pequeñas dosis de responsabilidad, al haber estudiado en la pública toda mi vida, pero nada más. El problema de vivir fuera del Estado donde habita mi familia es la cercanía, pero no sé si se resolvería si viviese en las mismas fronteras que las personas a las que tendré y querré cuidar algún día. ¿Es posible crear una comunidad donde las labores de cuidados se realicen de forma equitativa en la ciudad? Pese a que esté en contra de la idealización de lo rural, básicamente porque me parece una perspectiva bastante burguesa, me atrevería a decir que la lentitud del campo, el vivir despacio, ayuda con creces a estas labores de cuidado. Algo similar a lo que comenta María Gómez Javaloyes aquí.

Por otra parte, considero necesario que sigamos fortaleciendo las relaciones de amistad y que les demos la importancia que se merecen. Centrarnos en cuidar tan sólo a la familia sería dejar vencer al sistema capitalista que tan sólo cree en el amor romántico como el único amor verdadero. La amistad no debe ser un valor que sólo se cuide en la juventud, sino que nos ayuda a cuidarnos emocionalmente toda la vida. Y básicamente, ese es el mensaje de “Arrugas”, esa película que anoche me destrozó, pero que ha llevado a toda esta reflexión.

martes, 16 de junio de 2015

Guillermo Zapata y la opinión mediática

Guillermo Zapata no es sólo un guionista, activista o concejal destituido de su cargo debido a la presión mediática. También es un agitador cultural que ha cuestionado los medios y ha estudiado las nuevas formas de comunicación y fenómenos mediáticos como se puede leer en su blog Crónicas del Hype, ahora convertido a una columna del eldiario.es. Ya se ha hablado mucho sobre el contexto, sobre qué se dijo y cómo se dijo, sobre los límites del humor… pero se ha pasado por alto que, en plena campaña de defensa o de análisis del caso Vigalondo y el supuesto negacionismo del Holocausto, Guillermo Zapata lo que realmente hizo fue realizar una crítica a los grandes grupos de medios como Prisa.

Zapata también es uno de los autores que firma el libro CT, Cultura de la Transición, una perspectiva crítica sobre lo que aconteció tras 1975 y cómo se ha consolidado a día de hoy. Hoy he leído este artículo que escribió sobre las conversaciones políticas con su madre y cómo a veces les resulta difícil estar de acuerdo, o mejor dicho, llegar a un acuerdo y consenso. ¿Y a quién no le ha pasado? La generación de mis padres y la mía, estamos más cerca de lo que creemos en cuanto a lo que queremos, pero el nihilismo y la decepción o desconfianza de su generación más tal vez la ilusión y velocidad/ansiedad/instantaneidad de la mía nos separan tal vez en las formas, tal vez en los medios o en las configuraciones.

Creo que estos dos puntos son cruciales para entender lo que ha ocurrido estos días en el gobierno de Ahora Madrid: resulta muy fácil construir un nuevo relato a partir de los tweets de Guillermo Zapata si no se contextualiza adecuadamente. Me refiero no sólo a que Nacho Vigalondo fuese despedido del Grupo Prisa por llenar su timeline de chistes negros, y que los propios tweets de Zapata fuesen citas de lo que se había leído aquellos días, sino también creo necesario entender que el PP ha sabido jugar con la carta del relato simplificado y repetido, con el poder de los medios y con el desconocimiento de Twitter, su rapidez y su sarcasmo en una gran parte de la población. La pregunta es si queremos estar cayendo en estas redes constantemente, si queremos jugar con su ética de lo que es correcto y lo que no. En la rueda de prensa sobre su destitución, una periodista preguntó a Zapata su opinión sobre los escraches. Hubiera sido lo mismo preguntar por la okupación o por cuando el 15M se quedó en Sol sin permiso de la policía. La ética de quien forma la opinión pública tiene los mismos intereses que aquella élite que nos ahoga, la que nos deja sin casa, sin trabajo, sin educación ni salud pública, a través de privatizaciones, de enriquecimiento en pocas manos, de malversación de fondos y escape de capitales. Que a su vez pretende que no alcemos la voz mientras lo hacen y generar una imagen de delincuencia (antisistema) sobre aquel que participe en la paralización de un desahucio, por poner un ejemplo. No es más que una estrategia de comunicación maniqueísta que busca un enemigo fácil y la estrategia del miedo.

La derecha y el capital siguen poseyendo los medios y el poder de generar la imagen del bien y del mal. Han sometido a presión y acoso mediático a Guillermo Zapata hasta que ha dimitido. De poco sirve el contexto (el contexto, el contexto… que hemos hablado ya mucho de ello), o que aquellas citaciones se realizasen hace 4 años, momento en el que Zapata no poseía ningún cargo público. En cuatro años, le ha dado tiempo a Zapata a escribir sobre muchos temas y mostrar su opinión sobre tantos otros, ¡e incluso cambiarla! Pero no es eso lo que cabe dentro del relato construido. ¿Por qué no se ha producido un acoso de tal magnitud a ninguno de los protagonistas de estos otros relatos?

Lo primero que hice en el momento en que leí los tweets de Zapata y de enterarme de lo ocurrido, fue imaginarme que hubieran sido chistes machistas. Que por cierto, no han captado tanta atención mediática. La verdad, tampoco soy muy fan del humor negro. Me puse en esta situación porque sé que saldrá esta equiparación en muchos momentos y discusiones en cuanto ponga un pie en España (porque una feminista, es feminista y sólo feminista a imagen de algunos). Os podéis imaginar la de chistes machistas que una mujer declarada abiertamente feminista tiene que escuchar a lo largo de su vida. Y hacen daño, o a veces pueden llegar a hacerlo, pero depende en gran modo de quién me esté contando o haciendo el chiste. Cuando lo cuentan mi hermano y mi padre, están al límite de enfadarme,  cuando lo cuenta un compañero de trabajo machirulo, saco las uñas. Pero cuando lo cuenta una compañera o un compañero feminista, puedo reírme e incluso devolver el chiste. Es aquí donde están los límites del humor, en el acuerdo no escrito entre interlocutores y en los sentimientos del grupo oprimido. Ninguno de los que han denunciado las citas de Guille Zapata fueron lo afectados por sus palabras, y aún así debería haber sido un problema que se habría solucionado aclarando lo ocurrido, declarando su activismo antirracista y pidiendo perdón. Como bien dice este artículo: “¿O es que nos pensamos que ha sido el lobby judío lo que ha forzado el cese de Zapata, y no el trendig topic #zapatadimisión, las 10.000 firmas que pedían el cese, la presión de El Mundo, Intereconomía, Libertad Digital?”. Pero su destitución y los que la han promovido en realidad tienen otros intereses, han dejado muy claro durante más de 30 años que el dolor de la mitad de la población les da bastante igual como para quitar insignias, nombres de plazas o realizar investigaciones sobre memoria histórica, por ejemplo.

En cualquier caso, ni Zapata se merecía esto, ni nosotros el perder la oportunidad de tener al fin un concejal que comprende el procomún, las nuevas formas de producción cultural y mediática y la participación ciudadana.


 

Notas al pie de post: Tengo un pequeño problema de argumentación oral, como ya os comentaba aquí y que bien merecería un post sobre métodos de estudio, organización de ideas o simplemente sobre lo patosa que puedo llegar a ser, pero no es eso de lo que vengo a hablar escribir, aunque sí es la razón de por qué lo dejo por escrito. Dentro de unos días veré a varias personas que sé que sacarán este tema, y también sé que habrá un momento en el que me haré un lío, me colapsaré o se me olvidará algo que le quería comentar/argumentar/contradecir. Esta vez he decidido escribir aquí mis notas, lo que pienso y creo que puede ser una práctica que lleve a cabo en un futuro. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Locura de amor romántico

 Cada vez que relaciono el amor romántico con el feminismo, alguien arquea una ceja. Algunxs dicen que no es el amor romántico en sí el problema, sino que se sitúa dentro de todo un marco sexista y machista que se ha apropiado de ello, aunque yo considero que la configuración originaria es de por sí, sexista, machista, individualista, maniqueísta, desesperante, consumista y que nos consume, egoísta y muy peligrosa. Tal vez exista la posibilidad de configurar otro tipo de amor romántico igualitario y que nos haga crecer, pero hay que escapar a un sin fin de estímulos y normas preestablecidas en cuanto a lo que el amor significa. Contratos sociales sobre lo que está permitido y lo que se debe hacer y lo que no… ejercicio nada fácil.

Es muy fácil caer en las redes del amor romántico: está en todos lados. En la publicidad, películas, series, libros, revistas… en cualquier mensaje que vamos recibiendo a lo largo del día, sea escrito, auditivo o visual. Si no, haced el experimento. Intentad escapar, durante un día, de cualquier mensaje de amor romántico. Es muy difícil, siempre está ahí, acechando. Y pensábamos que cumplir el Test Bechdel era una utopía.

Una comedia romántica (CARTEL SIN DESPERDICIO) como tantas otras, que deberíamos quemar para poder ser todos felices

Ni siquiera su propia definición es sencilla ni yo soy ninguna experta en el tema (no como Coral Herrera, de cuyo blog El rincón de Haika y publicaciones he obtenido información de gran valor, ¡animaos!), pero me remitiré a citar a la Wikipedia:

El amor romántico es uno de los modelos de amor que fundamenta el matrimonio monogámico y las relaciones de pareja estables de las culturas modernas, principalmente las occidentales.

La propia Wikipedia también cita las palabras de Pilar Sampedro:

Algunos elementos son prototípicos: inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja), vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.

Esta primera definición asusta. El amor pasa de ser aquello que nos debe hacer felices a lo que nos hace infelices, lo que nos crea nuevas necesidades, dependencias, problemas e incluso una especie de enfermedad. En la que además, no podemos ayudarnos los unos a los otros, ya que el amor es cosa de dos, es egoísta, promete un mundo mucho mejor pero sólo para la pareja. Una cosa “de dos” en la cual cada miembro tiene que renunciar a todo por amor. Con lo cual, es una pareja centrada en la pareja y sólo para la pareja, ¡todo por la pareja!. ¿? El resto de la vida y del mundo pasa a un segundo plano, por lo que carece de alguna importancia si eres feliz en tu relación amorosa estable y monógama.

Sinceramente, no prestaría tanta importancia a todo esto del amor, si no fuese por cómo siento que me oprime y oprime a todas las mujeres. Desde pequeñas recibimos mensajes sobre la necesidad de encontrar novio (porque el amor romántico es heteronormativo), que no podemos descuidarnos o “nadie nos querrá”, que seremos princesas y vendrá un príncipe que nos salve. Más allá de que el sistema monárquico no es que sea mi favorito, el rol de agente pasivo que se nos otorga a las mujeres en el amor, me enerva. Me enfada que tengamos que el hombre se decida a entrarnos, que no podamos mostrar interés activo porque no seremos interesantes, y que tengamos que ser sumisas y no contestar, pues mujer que contesta, molesta y tiende a ser tachada de histérica (en el S.XXI). Por no entrar ya en los problemas que conlleva no ser monógama o los clásicos estigmas de las mujeres liberadas o libertinas, según se mire.

Tampoco me importaría de esta forma si no me condicionase tanto emocionalmente. Y aunque esto es tal vez abrirme mucho en público puedo declarar que soy más feliz cuando estoy soltera. Incluso he llegado a manifestar que nunca querría tener pareja estable, con la consecuente sorpresa de las personas que me rodean que, con su palmadita en mi espalda me decían: “no seas boba, no quieres envejecer sola”. ¿Sola? ¿Quién ha dicho “sola”? ¿Por qué estar soltera equivale a estar sola? ¿Qué hay de la amistad, las familias ya forjadas y las posibles familias creadas en un futuro sin necesidad de una pareja? ¿Qué hay de las mascotas, los compañeros de trabajo o de lucha, de deportes, de aficiones? ¿No cuentan? ¿No acompañan? ¿No son personas? Personas que me aceptan tal y como soy, que me quieren y me aman, de otra forma.

No es que haya tenido exclusivamente novixs horribles, es que es el concepto del amor el que nos convierte en desdichados. La necesidad de encontrar a la persona perfecta (media naranja), es imposible de cumplir, ya que no existe, la perfección evoluciona y cambia del mismo modo que cambia nuestra mente. O ese afán porque el amor verdadero dure para siempre cuando no es más que un eufemismo de la pasión inicial. ¿Y qué ocurre cuando nos damos de bruces de la realidad y se produce la decepción de darnos cuenta de que nos estábamos engañando? Infelicidad, que sumada a la gran dependencia del amor y a la importancia que se le otorga en la sociedad, nos lleva a un sentimiento de fracaso. Y dolor. Y el problema no son esas personas, ni somos nosotros: es que el concepto que se ha construido no es ni estable ni sostenible en el tiempo.

Lo peor de todo, es que esta frustración y desdicha provocada por el fracaso en un concepto de amor (que no existe), no consigue unirnos más y hacerle frente, darnos cuenta de que hemos estado viviendo en una gran mentira. No. Fomenta la guerra de sexos y aún hoy en día tenemos que estar leyendo artículos como el famoso de La loca del coño. Sus autores se sentirán muy orgullosos y elocuentes pero derrocha misoginia y machismo con clichés sobre mujeres supuestamente “locas”, por no ser sumisas (aunque tengo que decir que el comentario que más me saca de quicio es el de que dicha mujer no distingue entre un disco duro externo y una máscara de pestañas, totalmente gratuito). Y lo peor es que inicialmente en el artículo, estos dos escritorzuelos manifiestan que lo han edulcorado para no ser tachados de machistas. Mueren 7 mujeres en 4 días en el Estado Español, pero el problema son las locas del coño que pueden arruinar el ego de uno de cada cuatro modernos de Malasaña (no os creéis ni vosotros que esa referencia a Chamberí es al azar). Menuda desgracia, espero que no vuelvan a ligar en su vida (y que se les atragante el Gin Tonic).

Sin embargo, de verdad, montaría una fiesta si este tipo de artículos sólo apareciesen en revistas como GQ, destinadas a público masculino neoliberal y superficial. Las revistas supuestamente destinadas a público femenino están llenas de artículos de consejos para ligar, o adelgazar para ligar más, o hacer ejercicio para ligar más, o comer para ligar más o lacas de uñas para ligar más, pero además rebosan sexismo y guerra de sexos: están llenas de generalizaciones sobre la promiscuidad de los hombres, lo mucho que nos duele y lo recatadas que debemos ser. Os dejo un artículo que no tiene deperdicio, y cito:

La psicóloga Nuria Martín lo explica: “Actuar como los hombres es un error que se da cada vez más en las mujeres, que empiezan a comportarse de forma promiscua y masculina, lo que crea una gran confusión a ellos y a sí mismas”. ¿Su consejo? “Ser femenina te ayudará no solo a tener mejor autoestima, sino que además te hará más atractiva a los ojos de los hombres”. O, como lleva años suplicándote tu madre, “por lo que más quieras, hija, arréglate que vas hecha un adefesio”.

Ole, ole, ole. Menudo esfuerzo por lograr un amor que te hará dejarlo todo, y cuando digo todo es tu independencia, tu estabilidad, tus aficiones y tu crecimiento personal.

(Desde aquí quiero saludar y agradecer a mi amiga E. por la fuente y las risas juntas).

Tenemos que construir una nueva forma de querernos más igualitaria, menos egoísta e individualista y evolutiva, tenemos que desaprender las relaciones afectivas tales y cómo las hemos aprendido, asimilar mejor el rechazo y destruir los roles de género asignados en el amor. ¡Por supuesto que quiero querer! ¡Y quiero! ¡Y creo en los equipos y en proyectos comunes! Sólo en comunidades con mayor afecto, respeto, involucración, cariño y crecimiento personal, podremos conseguir que el amor valga la alegría y no la pena.

martes, 26 de noviembre de 2013

Día contra la violencia estructural machista

 Ayer, día 25 de Noviembre, fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Este día debería ser un símbolo claro del machismo estructural todavía existente en el mundo. Pues no. Seguimos teniendo que escuchar declaraciones de incluso diputados que hablan de las denominadas “denuncias falsas” un fantasma que recorre España, ya que suponen un 0,01% del total de las denuncias por malos tratos. Cierta parte de la administración muestra su gran preocupación por el tema, dedicándole cinco minutos en las calles durante un día al año. Otros no disimulan tanto, y recortan en servicios de atención a las mujeres maltratadas. El mismo 25 de Noviembre.

Parece un día en el que podemos reunir bromas de mal gusto. Como la culpabilización de la Víctima por el twitter de la Policía Nacional. ¡Denuncia! ¡Porque apenas se archiva una denuncia! ¡Son todas muy efectivas! ¡Ninguna mujer había denunciado previamente antes de acabar muerta! Me pregunto si algún día escucharemos mensajes de educación en la igualdad a hombres, en vez de precaución a las mujeres.

Pero sin duda, una de las campañas que más me han dejado alucinada es esta:

Una campaña enfocada a los hombres, con una voz principal de hombre y protagonizada por Imanol Arias el que  deja claro que si maltratas a una mujer, le maltratas a él, ¡y él es un hombre! ¡Pero cómo vas a maltratar a un hombre! ¿Qué clase de doble mensaje es este? ¿En el que se deja entrever que el no maltratar a Imanol Arias podría ser más importante que todas las mujeres maltratadas?

Incluso en el propio Día de la Eliminación de la Violencia de la Mujer, el protagonista es el hombre. Los medios se empeñan en dibujar el perfil del maltratador y siempre, SIEMPRE dejar claro que es una persona que se ha vuelto loca y que sufre problemas psicológicos. Como si no fuese un problema estructural, de machismo en la sociedad. 1 de cada 3 mujeres sufrirán en su vida algún abuso, acoso, violación, VIOLENCIA en letras mayúsculas, pero el problema sigue siendo que algunos hombres están locos, ¿no?

No. El machismo está en la sociedad y en la sociedad está el problema. En una sociedad en la que se sigue viendo los celos como una muestra de amor, la iglesia católica publica manuales sobre la esposa obediente ideal y sumisa, o el sexismo se reproduce diariamente en las calles, es muy importante dejar claro que la violencia contra la mujer no sólo son las 700 denuncias, ni son causa de una persona degenerada. Ni es el feminismo una moda hype. La violencia contra la mujer es estructural, algo contra lo que combatir cada día. No un día al año con 5 minutos de silencio institucional.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Te suena este grupo?

 Dijo Nacho Vegas que la música no es más que un reflejo de la sociedad en la que vive, que los cambios sociales determinan las manifestaciones culturales como la música. Sin embargo, no por ello la música tiene que ser reaccionaria, sino que la ve más como un “foco de resistencia activa”, ya que la música “cuestiona el mundo en todas sus formas”. Del mismo modo, que la música política se ha reducido a aquellos músicos con declarada ideología de izquierdas, se ha definido como música sexista como aquella que atenta contra los derechos de la mujer u otras definiciones de género alejadas del macho. Pero el mundo musical rezuma sexismo y machismo por todos lados.

Hace unos meses surgió un acalorado debate a raíz de un artículo en el periódico Diagonal que a la vez fue contestado por un artículo de la revista Rockdeluxe , que a su vez fue respondido por varias feministas y que presentó lo que sería un boceto de lo que podría ser parte del problema del sexismo en la indie y aplicable a toda escena musical.

Hace un par de meses tuvo lugar una charla sobre sexismo y cultura pop organizado por el colectivo feminista 15M Berlin en la que participé presentando el sexismo en la(s) escena(s) punk y hardcore. Los otros dos participantes en la charla eran hombres, que presentaron el sexismo de otras corrientes musicales como el Rock/Heavy o el Soul. Y me he dado cuenta de que incluso hablando de música feminista, me rodeo de hombres. Hablo de grupos con hombres, intercambio discos con hombres y leo artículos protagonizados por hombres. No sólo la presencia de mujeres como artistas musicales es marginal, sino también todo el mundo que le rodea: Críticos, literarios, ¿pero qué pasa con los fans?

Sin querer, he adoptado el papel dominante masculino como melómana, esto es, suelo recomendar mucha música a mujeres, suelo hablar de grupos con hombres. Intento corregirlo, lo prometo. Cuando le he preguntado a mis amigos hombres feministas, me han confesado que su actitud es la misma, e incluso lo he sentido yo, como mujer. He sentido que no se me escucha, se me habla desde una perspectiva paternalista y se me recomienda algo sin plantear siquiera que ya pueda conocer lo que se me está recomendando. ¿Por qué ha sucedido esto? ¿Por qué mi adopción de un papel tradicionalmente masculino en el entorno musical? Por una resignación a adquirir un papel pasivo en la vida o en el mundo, que a mi, como mujer, se me ha otorgado. Pese a que llore, salte de alegría, me emocione con canciones, o sea capaz de recorrer kilómetros por ir a un concierto o de cancelar citas por querer quedarme en casa escuchando un disco. Pero el mismo de problema de autoestima en el ámbito laboral o estético, se puede trasladar a las mujeres melómanas, que siempre pensamos que sabemos menos o somos menos expertas de lo que realmente somos.

En un mundo tan sexista como el mundo musical, la apropiación del espacio público por parte de mujeres o la participación de las mismas en un mundo tan dominado por hombres, molesta. Como molesta la apropiación de tantos espacios masculinizados. Están llenos de paternalismo, de objetivización e invisibilización de las mujeres. Si algo tienen en común Amanda Palmer y las Riot Grrrls, es subirse al escenario, tomarlo y convertirse en un torbellino, gritar y hablar de feminismo. ¿Cuál es el público de este tipo de artistas? Mujeres. ¿Por qué no hay apenas hombres interesados en la música feminista? ¿Por qué a las artistas mujeres se las relega en música para mujeres, se las compara con mujeres y se las reduce a la esencia de “música por mujeres”? Como dice Elena Cabrera: “Las mujeres jóvenes que leen las revistas se someten a una programación consciente o inconsciente sobre el papel de las mujeres en la música. Y repetirán, como normal general, lo que han leído. Si hay una mujer que rompe la baraja, no será gracias a las revistas que perpetuaron otro modelo. Si muestras a las niñas que el rock’n’roll es cosa de hombres, que lo escriben los hombres, que lo critican los hombres y que cuenta cosas que ignoran lo que les pasa a las mujeres, esas niñas pasarán del rock’n’roll, de la música y de todo. Pensarán que no hay nada ahí para ellas. Y se estarán equivocando, pero no será su culpa”.

sábado, 13 de julio de 2013

Qué he estado haciendo (en todo este tiempo)

 No puedo negar mi reciente ausencia del blog, que como todos sabéis, actualizo de forma regular una vez a la semana (no). Pero es que trabajar y el activismo me tiene muy ocupada. A parte de que acabo de encontrar un techo sobre el que vivir durante los próximos X meses/años. Eso es vivir por encima de mis posibilidades.

En el grupo de Feminismos 15M Berlin estamos que lo tiramos. ¡Tres charlas organizadas ya! La primera, como ya sabéis si es que seguís el blog y lo leéis religiosamente (que yo sé que sí), se organizó con el ánimo de proporcionar una base teórica sobre ese movimiento tan estupendo y que salvará vuestras vidas del heteropatriarcado y el machismo: EL FEMINISMO. Yo que soy muy radical, me tiré a la piscina con una charla sobre el Feminismo y el activismo cuyos apuntes podéis leer en este *.pdf o bajaros las diapositivas de aquí. ¡E incluso podéis disfrutar de mi nerviosismo en este video!

La segunda charla se llamó “Mujeres en la ciencia. Desmontando mitos.” y constó de dos partes (también). La primera repasaba la vida de varias mujeres científicas como Lise Meitner, Chien-Shiung Wu, Jocelyn Bell o Rosalind Franklin, las cuales fueron muy importantes ya que iniciaron el camino para acabar con clichés como que las mujeres no disponen un cerebro apto para la ciencia. Sin embargo, su carrera no fue un camino de rosas, como tampoco lo es en la actualidad para las mujeres que deciden dedicar su vida a la investigación científica (segunda parte de la charla).

La tercera charla tenía el mejor título que ha tenido ninguna de las charlas: Lenguaje, androcentrismo y patriarcado: El triángulo de la muerte. Se trató básicamente el machismo en el lenguaje, algunas acepciones de la RAE totalmente machistas, como al tercera acepción del verbo “Gozar”. En especial me gustó mucho la acepción de “periquear”:

1. intr. Dicho de una mujer: Disfrutar de excesiva libertad. Andar periqueando.

En el mismo grupo hemos iniciado otras acciones, como un texto contra la Reforma de Ley del Aborto y unas acciones para denunciar publicidad sexista a través del uso de pegatinas. Pronto podréis ver la web.

También estamos preparando próximas charlas (Machismo y cultura pop, y una charla sobre Masculinidades), así como la proyección de varios documentales (uno sobre la historia del vibrador y otro sobre Audre Lorde). Stay tuned!

1. Mai y 1. Juni. 

Un año más, durante el 1 de Mayo se produjo en Berlín una gran manifestación contra la represión policial y contra la opresión capitalista en general… pero también tuvo lugar la manifestación del NPD (Partido Nacionaldemócrata de Alemania, un partido totalmente racista y xenófobo… vamos, un partido Nazi). Varios grupos de izquierdas acudieron a bloquear su manifestación, la cual estaba totalmente protegida por la policía, supuestamente porque éramos muchos más los que estamos en contra de la mani que los propios manifestantes, pero la policía fue totalmente violenta con nosotros, nos rociaron gas pimienta y nos amenazaron con agua a presión, cuando tan sólo estábamos gritando consignas contra el partido Nazi y el fascismo, no llevando a cabo ninguna acción directa ni violenta.

Pero más grave fue en Blockupy Frankfurt, en la que la policía acorraló a varios manifestantes a la media hora de empezar la manifestación, una manifestación con un recorrido totalmente legal. La única forma de poder salir del cordón policial era mediante la presentación del propio DNI (cuando en Alemania no es obligatorio llevar siempre encima el DNI). De nuevo ejercieron un abuso de poder que les caracteriza y en los medios no es que se reflejase con exactitud la gravedad del asunto, mientras que cualquier acto violento llevado a cabo por el pueblo, en seguida está en todo tipo de medios. Es el abuso del poder, contra el cual no debemos quedarnos sentados y asentir con la cabeza mientras te están golpeando de forma constante, porque ellos están ahí para velar por tu seguridad, mientras que tú estás provocando altercados por, simplemente, ejercer tu derecho a manifestación y protesta.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La masculinidad según el patriarcado


Últimamente no dejo de encontrarme falsas concepciones acerca del feminismo. Bueno, no sólo últimamente. Me resultan incluso ofensivas, pese a que la gente suele aconsejarme que me deberían ser indiferentes. Pero me parece muy difícil, especialmente cuando estos comentarios proceden de personas cercanas. No todas estas acusaciones sobre el feminismo han sido por parte de hombres, pero sí una gran parte.

Además, hace un tiempo acudí a una charla de Beatriz Preciado en la que presentaba su libro "Pornotopia", ya que acababa de ser traducido al alemán. En ella, Preciado comentaba algunos aspectos sobre la masculinidad, un concepto que nunca me había planteado, y cómo la revista Playboy ayudó a mantener la idea de masculinidad en una época en la que estaba en crisis. Pero eso es otra historia. 

Desde entonces, empecé a interesarme por la masculinidad, ya que desde un punto de vista personal, me ha sido bastante difícil comprender algunas actitudes masculinas a lo largo de mi vida: la necesidad de dejar clara su orientación sexual (heterosexual) en todo momento, el miedo a la debilidad, la necesidad de defender su honor (un término que para mi forma parte del medievo)... Me costó un poco darme cuenta de que:

El hombre también es oprimido por el patriarcado. 

(Chachán...)




Desde que me paré a pensar en esta opresión, he estado observando o intentando analizar una serie de comportamientos "masculinos", e incluso he mantenido charlas sobre ello con diferentes amigos. En conclusión, unos puntos decisivos de opresión del patriarcado en los hombres podrían ser:

1. La necesidad de demostrar que se es un "hombre", la hombría, la masculinidad, la superioridad. Nunca demostrar una debilidad o sensibilidad, porque se dejará de ser un macho para pasar a ser un "maricón", con el estatus social del "maricón" según el patriarcado.
2. La necesidad de preservar el honor, como he mencionado previamente. Esto supone un problema ya que puede dar lugar a peleas, por ejemplo, y no sólo está vinculado al amor propio del hombre, sino que también relaciona a sus seres queridos: el honor de los padres, la pareja, y los amigos pasa a ser el propio (lo que supone una apropiación de cómo debe comportarse su círculo cercano). 
3. Demostrar sus habilidades sexuales y dejar clara su grandes dotes como amante, ya que si un hombre no es un "crack" en la cama, no es un hombre. Esto supone una presión más, lo que puede incluso desembocar a una inseguridad en términos generales y a rechazar el sexo por miedo a no "dar la talla". 
4. El desapego emocional, o la necesidad de demostrar que el hombre no lo necesita. El hombre  (en todo momento estoy hablando según el patriarcado), no es un ser emotivo, ya que los sentimientos demuestran siempre una debilidad. El macho es duro como una piedra, tal y como demuestran las imágenes de hombres perfectos que ha dado la industria cinematográfica más machista y patriarcal: "Rambo", "Terminator", "Die Hard". Hombres que no lloran. O que son máquinas. Tecnológicas, quiero decir.
5. El hombre tiene que dejar claro su dominio en todo momento, en especial en su relación con la mujer. En caso contrario, será un "maricón" (de nuevo), "calzonazos" o "no tendrá huevos". 

Por todo esto, en muchas ocasiones, el macho dominante se ve atacado por el feminismo, pero no entiendo por qué el hombre se debería ver atacado por el mismo. De hecho, el hombre también necesita el feminismo para ser liberado. El feminismo es la lucha contra el patriarcado en todas sus acciones, no sólo en la liberación de la mujer, sino en la abolición de todo tipo de jerarquías consecuentes. El feminismo también intenta liberar a los hombres, los cuales también son oprimidos por el patriarcado y les hace tener que actuar de determinada manera para demostrar su género masculino machistoide en su versión más arcaica.