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sábado, 4 de agosto de 2012

La elección de ser madre (por ley).

Hace unas semanas, Alberto Ruiz Gallardón, Ministro de Justicia, anunció su pretensión de retomar la antigua (muy gráfico) ley del Aborto, excluyendo la malformación del feto como motivo para realizar una interrupción del embarazo de forma legal.

Me gustaría preguntar a todas las asociaciones provida y al propio Gallardón qué es lo que entienden por un "derecho a la vida", sin en tu propia vida no puedes tomar decisiones sobre tu propio cuerpo, si están condenando a la mujer a dar a luz de forma involuntaria, la están obligando no sólo a ser madre tal vez no en el momento que ella elija, sino también a experimentar todos los cambios que sufre el cuerpo durante un embarazo. Me gustaría saber por qué todas las declaraciones que he escuchado en los medios son de hombres, por ahora creo que ellos no sólo no pueden abortar, sino que no se pueden quedar embarazados o tener un hijo biológico. Me gustaría saber en qué momento se puede legislar sobre las vidas de personas cuya situación se desconoce, cuya calidad de vida no está garantizada, sobretodo cuando aquellos que toman las decisiones gozan de un sueldo, condiciones de vida y facilidades superiores a la media española (superiores, en muchos casos, incluso a la clase media-alta).

Fuente: Etsy

Un hijo debería siempre ser elegido, debería ser una buena noticia y no una carga. Me parece un retraso en los derechos de las mujeres, a las que nos gustaría elegir el momento en el que ser madres, el momento en el que dar a luz y estar embarazadas. Especialmente tras la retirada de la ley de dependencia, teniendo en cuenta los datos en los que se deja claro que las personas que se dedican al cuidado de niños, mayores y personas dependiente son en su mayoría mujeres. Me gustaría saber en qué momento se debe aplicar las creencias propias de una religión a la vida de tantas personas.

Me gustaría saber en qué colegios van a estudiar estos niños si se siguen haciendo recortes en la enseñanza. Si se encarece el precio de los libros de texto.

Pero sobretodo, me gustaría saber por qué se empeñan en condenar a la mujer por su derecho a elegir cuándo se madre. El embarazo es un estado del cuerpo en el que sufre muchos cambios, tanto hormonales como físicos, y lo mismo es el aborto. Supone un cambio emocional muy duro para la mujer, por el cual a ninguna nos gusta pasar y que se convierte en algo mucho peor gracias la presión social de haber abortado. Estoy harta de la demonización de la mujer sólo por haber tomado su propia elección, de la tendencia a relativizar en aspectos que son muy personales y que deberían formar parte de la elección personal. Esta ley no es una ley pro vida, se trata de una ley patriarcal que no sólo no reducirá el número de abortos, sino que aumentará la ilegalidad y las malas condiciones para llevarlos a cabo, recordando a los años del franquismo y la (denominada) transición en la que las mujeres que se lo podían permitir (es decir, las que provenían de familias con recursos) (las que se conocían como "buenas familias"), viajaban a Londres un fin de semana. Hacer legal el aborto no supone obligar al mismo, sino darnos la oportunidad de elegir sobre ello. A nosotras.

domingo, 3 de junio de 2012

De la precariedad laboral y social, a la individual


Siendo la precariedad un tema de actualidad, desde hace unos años, o incluso décadas, últimamente he estado reflexionando sobre lo que este concepto supone para el individuo. Debido a su naturaleza social, nunca me había planteado (ni tampoco existe mucha información al respecto) lo que la precariedad puede suponer desde un punto de vista personal. Como si la sociedad no estuviese formada por individuos.

No me refiero sólo a la precariedad relacionada con un salario incapaz de satisfacer las necesidades mínimas (o vitales), sino también en las malas condiciones laborales, la absorción de la vida personal por la laboral, el desempleo o la falta de reconocimiento de los méritos. Todas estas situaciones desembocan en la autoculpabilidad. La incapacidad de encontrar trabajo, por ejemplo, provoca inseguridad y depresión, en la que el individuo se cuestiona si se han tomado las elecciones correctas a lo largo de la vida. Se produce una incertidumbre tanto hacia el futuro, por la inestabilidad económica, local (si se podrá seguir viviendo en la misma ciudad), e incluso sentimental (por ejemplo, la capacidad de tener hijos en un futuro), como hacia el pasado, cuestionándonos si hemos hecho lo correcto.

Me parece increíble como siendo un problema de la sociedad y del sistema económico, debido a su incapacidad de asimilar trabajadores si se quiere seguir teniendo beneficios (económicos, claro), después una etapa de sobreproducción y sobrecrecimiento, desemboque a título personal en la asunción de culpa en uno mismo, en cierto modo debido a los mensajes que se reciben desde la infancia: adquirir una buena preparación, estar bien cualificado, ser un buen profesional, emprendedor, competitivo, asimilar bien el estrés (¡!), ser dedicado… dando lugar a la producción y su consecuente consumo. ¿Pero qué ocurre cuando no existe esa capacidad de consumo?

No sólo se produce una recesión económica en términos generales (según la teoría capitalista y neoliberal), también una falta de integración de aquellos que no se ven capacitados para asumir ese consumo, que es el que dictamina el status social, en cierto modo. Se crea una fragmentación de la sociedad, la creación de clases sociales y, sobretodo, élites de todos los tipos: económicas, educativas, culturales… Esa marginalidad desarrolla falta de seguridad y autoconfianza en las personas, e incluso miedo a perder lo poco que se tiene. De este modo podríamos explicar la subida de la popularidad (y votos) de partidos conservadores y neoliberales en las clases trabajadoras.

Unido al miedo, falta de autoestima y culpabilidad se encuentra la pérdida de la identidad: incluso en el lenguaje se introduce una definición de uno mismo a partir del trabajo y la vida profesional. La pregunta “¿Y tú qué eres?” sólo espera una respuesta enfocada al mundo laboral (se suele responder con la profesión o el trabajo que se está desempeñando en ese momento). Desde mi punto de vista, no sólo se produce esta falta de identidad en el momento que no se tiene trabajo o el trabajo se encuentra fuera de “la carrera profesional”, sino también cuando el empleo no resulta satisfactorio a modo personal. Por ello,  considero muy importante reivindicar la importancia de las aficiones, el tiempo libre y actividades paralelas al empleo como definición de la persona, ya que no sólo pueden servir como vía de escape sino también cómo autodefinición y satisfacción personal. He aquí el punto de confrontación: En un sistema en la que la vida se ve absorbida por el trabajo, ¿cómo se puede desarrollar una autodefinición personal a partir  del tiempo libre?