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lunes, 9 de julio de 2012

Tenia pensado escribir otra entrada, pero hoy no me he sentido con fuerzas para ello. Esto puede resultar muy personal, pero llevo toda la tarde llorando, no por ningún problema personal, sino porque hay veces que no te quedan fuerzas. No te quedan fuerzas para seguir con la que consideran "tu lucha", no te quedan fuerzas para estar en contra del patriarcado, de la norma, de lo socialmente y culturalmente "correcto", de las injusticias y de la opresión. Es tanta esa presión, que llegas a pensar que no sirve para nada todo lo que estás intentando constantemente.

Llevo un mes de digamos, vacaciones. No del trabajo. Del activismo. Y he chocado con la realidad de forma tan brusca que ha dolido, y parece que estoy en pleno estado de shock. Me está costando tanto, que hay veces que he llegado a dudar de la liberación interna que he llegado a conseguir, preguntándome si no seré una loca, una rara, una estúpida... una ilusa. Y eso no está más que generado por mi propia inseguridad en un mundo que no controlo o desconozco, en el que soy débil, en el que no tengo poder. ¿Pero acaso he tenido poder en algún momento? No lo creo. Simplemente no me resulta familiar y aún me encuentro en pleno estado de adaptación.

Volveré dentro de poco, con suerte esta semana.

viernes, 13 de abril de 2012

Hace poco, se me ocurrió que podía escribir una novela narrando la frustración sentida cuando mi ex no-novio me dejó, pero luego decidí escribirlo a posteriori. Mala idea, porque ahora no me acuerdo de nada de lo que sentía, así que seguramente, la literatura castellana habrá perdido una de sus mejores novelas de rabia, pasión y desconsuelo.

Pero bueno, sinceramente no merecía tal ejercicio de atención.

Sin embargo, he descubierto que la frustración es algo que no me gusta. Y llegar a esta conclusión me ha llevado 25 años de mi vida, todo un récord. Pero lo peor es que está ahí, y siempre va a estar, así que tengo que aprender a lidiar con ello.

Y a todo esto, llegué a la conclusión ayer, cuando me fui a jugar al Risk con mis amigos, en el cual perdí, perdí solemnemente, perdí con acritud, vamos, que soy una loser. No alcancé ninguno de mis objetivos, y me comieron todas las fichas (en lenguaje de Risk: acabaron con todos mis batallones). Sinceramente, entre que tardé como media hora en entender el juego y que yo estaba más pendiente de otras cosas (mi cerveza, por ejemplo), me parece totalmente normal que acabasen conmigo.

Este maldito juego de mesa, que sigo sin entender, desveló un poco mi situación actual: me estoy dejando vencer totalmente, por un sistema, por un desempleo, por un desánimo y por una desconfianza. He de reconocer, que me da vergüenza que la gente lea lo que escribo, escuche lo que digo, o vea lo que hago, por eso visto de negro, para que no me miren, hablo bajito y oculto lo que escribo. Un problema, desde luego, sobretodo si quieres tener un blog, escribir y ser alguien en esta vida. Esta niña está tonta. Y eso, amigos, no sirve de nada.

Maldita sea, qué tontería ésta.

sábado, 4 de febrero de 2012

Etapas en el feminismo

En mi más tierna infancia tenía un hermano. Bueno, lo sigo teniendo, tranquilos todos. Pero cuando era pequeña, podemos decir que no existía diferencias entre lo que mi hermano y yo hacíamos, a veces incluso ni en lo que vestíamos o nuestro corte de pelo. No me dí cuenta de esta educación igualitaria hasta que cuando tuve un choque con la realidad, me dí cuenta de que no, amigos, no existe tal igualdad. Ni de oportunidades, ni de tratamiento. Y entonces me hice feminista.

Mi crecimiento estuvo cargado de mensajes feministas, por parte de mi madre, a la que podemos definir como el prototipo de feminista clásica. De esas que creen que la mujer no debe dejarse engañar por el hombre: Nunca olvidaré un discurso que me dio a los 16 años diciéndome que no tenía que ser una chica fácil (Hola Mamá). O las veces que me repitió que estudiase para ser independiente, que tuviese mi trabajo y, repito, fuese independiente. Autónoma. Que no me atase a nadie. También me aconsejó que no tuviese novio, que tuviese amigos. Nunca me ha incitado a tener una relación estable, la verdad, no ha tenido miedo a que me quede soltera, algo muy prototípico en este país nuestro que es España.

Pero ahí estaba yo, con mi feminismo, clásico, muy Bevoir, muy defensivo. Y entonces me dí cuenta de que no debía decir que era feminista. Porque suscitaba un odio y un rechazo directo, inmediato. ¿La argumentación?

“Todas esas feministas están en contra de los hombres”

(Pero qué me estás contando)

Así que nada, me tuve que reprimir a mi misma, una vez más y tener que dejar de decir que era feminista para decir “que luchaba por la igualdad” porque no, no tenía nada en contra de los hombres, tengo padre, muy majo, tengo hermano, que es muy molón, y tengo amigos chicos (bio-chicos, que tienen pene, como queráis llamarlo), que son geniales… ¿cómo iba a tener yo algo en contra de los hombres? Pero no sólo esa era la reacción mayoritaria, mis favoritas sin duda son: “La culpa del machismo las tienen las mujeres machistas”. ¿Disculpa? Por supuesto que existen muchas mujeres machistas, pero que la culpa de todo la tenga zp, digo, las mujeres me parece la paradoja suprema. Una vez más, una forma de ataque, en gran parte por el colectivo masculino y femenino heterosexual.

En fin, así que me veía reprimiéndome, constantemente: No podía decir que era feminista, por rechazo, y tenía que tener cuidado por ser una chica fácil. No tenía que atarme a una relación y… si alguien hacía alguna broma, o miraba tetas por Internet, tenía que encenderme y señalar con el dedo: “OH TU, ASQUEROSO MACHISTA, APAGA ESO, ESA MUJER NO ES UN OBJETO”. Porque, por supuesto, en mi cabeza no era ella la que había elegido sacarse un pecho, era la sociedad y un hombre, el que le había obligado a ello. Que existen casos, pero también existen mujeres inteligentes, independientes y libres que se desnudan en público. Creo que deberíamos dejar de encendernos por ver tetas y culos, y luchar por los verdaderos problemas y situaciones que nos incumben.

No me estaba dando cuenta de que todos estos comportamientos no eran más que machistas. ¿Por qué una mujer ha de reprimirse en manifestar la lucha por sus derechos e igualdades? ¿Por qué una mujer no puede acostarse con hombres por puro placer? ¿Por qué una mujer no puede desnudarse si le da la gana? ¿Por qué presuponemos en todos los actos que las mujeres han sido forzadas a ello y que no ha sido su libre elección? ¿Estamos poniendo en duda la inteligencia de la mujer? ¿Acaso nos llevamos la mano a la cabeza con un hombre desnudo?

Supongo que conocer colectivos feministas, trans, lesbianas, gays, etc., me hizo reflexionar, y sobretodo, darme cuenta de que es una fase natural, y que existen diferentes formas de feminismo. Algo por lo que me veo discutiendo la mayoría de las veces. Igual que nadie pone en duda que existen diferentes formas de ser de izquierdas, de derechas, ecologista o nihilista, existen diferentes formas de ser feminista.

Pues bien, me llevó 24 años de vida darme de cuenta de todo ello, de descubrir nuevas teorías y, sobretodo, me llevó 24 años de mi vida relajarme y dejar de exigir tolerancia por las diferencias opciones sexuales, ideológicas, ecológicas... opciones en la vida en general, porque como dice Diana J. Torres, en su libro “Pornoterrorismo” “[…] tolerancia no es lo que pido porque eso es asumir que estamos haciendo algo que no deberíamos, algo por lo que debemos pedir permiso”.

De este modo, en la actualidad me manifiesto feminista, mujer, ecologista y de izquierdas. Y me he relajado. Menos mal.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sobre desprestigios y prestidigitadores

Hace poco, un amigo de un amigo* me preguntó si en mi carrera se aprendía algo o si lo que estudiábamos no eran cosas que cada uno podía aprender en su casa. Me pregunto cómo estudia el susodicho (que estudiaba psicología), porque la mayoría de las cosas que he aprendido en mi vida lo he hecho en mi casa. O no, bueno, no lo sé. El caso es que lo que el chico intentaba explicarme con una miserable capacidad de diálogo era que mi carrera le parecía inservible y que los que salíamos de ella somos personas que sólo nos caracterizaremos por algo: no encontrar trabajo.

He estudiado la Licenciatura de Comunicación Audiovisual, por cierto.
(Que tampoco está tan mal, no te pongas así)

Querido amigo (de un amigo), muchas veces me he preguntado por qué estudié esta carrera, ya que de adolescente me aburría bastante y para matar las horas muertas estudiaba mucho por lo que podría haber accedido a Medicina, Arquitectura o ADE (aunque la nota de corte de ésta era un cinco por aquella época), pero te diré un secreto: en la actualidad en España hay una tasa de paro tan alta, que seguramente muchos de nosotros, ingenieros o pueblo llano, no encontraremos trabajo en un tiempo. Por eso he emigrado, entre otras muchas cosas.

No soy la mayor fan de mi carrera ni de la Universidad Complutense de Madrid, ni siquiera del sistema academicista, pero sí que te diré que sirve para algo más que para entender las bromas de Muchachada Nui. Sirve, sobretodo, para saber en lo que no me quiero convertir.

Cuando era joven, o más joven que ahora, quería ser fotógrafa social o de skateboarding (ahí es nada). Bueno, realmente esto fue en la época en la que tenía que escoger mi carrera, antes había querido ser escritora, veterinaria, psicopedagoga y traductora. Todos mis sueños se vieron truncados por diferentes motivos. Mi padre encontró mi “primera novela”, la leyó, y aunque le gustó me dio tanta vergüenza que dejé de escribir. Tuve un profesor de francés horrible que se dedicaba a concursar en Quiere ser millonario en vez de ilustrarnos el passé composé con su sabiduría. Me dí cuenta de que podía tener perro sin tener que ser veterinaria. Y lo de psicopedagoga, desapareció de mi mente igual que vino. Así que mi futuro vino determinado por mi sueño idealista de ser fotógrafa y vivir en una caravana.

Aprendí mucho en la carrera, hasta aprendí a analizar películas desde el punto de vista freudiano (he visto cosas que no queréis saber). Pero sinceramente, sigo pensando que si estudio una carrera no lo hago con un sentido pragmático, sino más bien por un enriquecimiento personal. No tengo miedo a quedarme en paro porque creo que más tarde o temprano tendré esa desgracia de encontrar trabajo (¡y que encima me guste!). Cuánto lo deseamos y cuánto nos quejamos de él cuando lo encontramos. Debería ser como una relación de pareja. No la deseas pero acaba apareciendo. O al menos a mí me ocurre.

Si no persistí con mi sueño de ser fotógrafa fue porque me desencanté de la fotografía digital y porque en la actualidad cualquiera puede ser “fotógrafo”. Y porque no me quería cerrar a una posibilidad, dándome cuenta de que hay muchas otras cosas en la vida que me encantan.

No me molesta, creo que todo el mundo debe tener la oportunidad de desarrollar su lado más creativo, pero me crispa los nervios esa tendencia actual de “soy fotógrafo, pero le doy a mis fotografías un toque desenfocado porque queda más vintage y underground, molo mazo”. No es que crea que necesites una técnica impecable para ser un buen fotógrafo, ni una cámara que cuesta todo tu dinero del monopoly, pero sí que creo que, igual que en el Renacimiento estaba de moda ser humanista, en la Inquisición les divertía quemar libros y en los años cuarenta del s.XX si no eras totalitarista no estabas a la última, ahora si no tienes ese toque de grano, tonos sepia, desenfoque y una chica desnuda, si es rellenita mejor (esquelética también nos vale), no eres artista.

Estoy siendo muy injusta al hacer este tipo de generalizaciones y este post está siendo escrito un día en el que estoy un poco de mal humor, pero estoy un poco harta del mundo moderno, de los egos y de las ganas de ser protagonista. Normalmente me río de todo esto al más puro estilo Fauna mongola, pero hoy, amigos, y sólo hoy, haré un llamamiento a todos aquellos Comunicadores Audiovisuales, y les diré que he aprendido algo en la carrera: He aprendido lo que no quiero ser y que podemos llegar a ser muchas cosas, a la vez (¡ánimo camaradas!). Porque saber de algo, lo que se dice saber, creo que no tengo ni idea de casi nada (en general, en la vida, como en el deporte). No sé cómo me las apaño para dar la imagen opuesta, pero, no os engañéis. Y ahora es cuando mi madre dice que me tengo que vender mejor.
(Libro de bolsillo - de bolsillo alemán - de técnica fotográfica)

Mi padre**, que es un hombre muy sabio, siempre que me terminaba una novela y le decía que no sabía qué leer, repetía: “lee a los clásicos”. No le he hecho mucho caso y me quedan muchos clásicos por leer (acabo de terminar Alta fidelidad de Nick Hornby y me dispongo a leer Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind). Lo mismo le diría yo a los fotógrafos novatos o iniciados: Estudiad a los clásicos. Es la mejor forma de conocer la fotografía. Y es un consejo, no os estoy diciendo que no tengáis potencial y no os podáis convertir en la próxima Annie Leibovitz (afrontémoslo, la fotografía que os gusta es la publicitaria y de moda). Tan sólo os digo que antes que vosotros, hubo mucha gente que intentó hacer lo mismo, y os puede ayudar en vuestra carrera profesional y/o artística.

Por supuesto, también existen muchos fotógrafos contemporáneos, pero lo mismo hasta tienen tumblr.

Y con esto, me despido, atentamente. Candela.

* Os prometo que es verdad.
** Mi padre es una referencia constante en mi vida, así que seguramente aparezca constantemente en este blog.