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miércoles, 12 de octubre de 2011

Sobre desprestigios y prestidigitadores

Hace poco, un amigo de un amigo* me preguntó si en mi carrera se aprendía algo o si lo que estudiábamos no eran cosas que cada uno podía aprender en su casa. Me pregunto cómo estudia el susodicho (que estudiaba psicología), porque la mayoría de las cosas que he aprendido en mi vida lo he hecho en mi casa. O no, bueno, no lo sé. El caso es que lo que el chico intentaba explicarme con una miserable capacidad de diálogo era que mi carrera le parecía inservible y que los que salíamos de ella somos personas que sólo nos caracterizaremos por algo: no encontrar trabajo.

He estudiado la Licenciatura de Comunicación Audiovisual, por cierto.
(Que tampoco está tan mal, no te pongas así)

Querido amigo (de un amigo), muchas veces me he preguntado por qué estudié esta carrera, ya que de adolescente me aburría bastante y para matar las horas muertas estudiaba mucho por lo que podría haber accedido a Medicina, Arquitectura o ADE (aunque la nota de corte de ésta era un cinco por aquella época), pero te diré un secreto: en la actualidad en España hay una tasa de paro tan alta, que seguramente muchos de nosotros, ingenieros o pueblo llano, no encontraremos trabajo en un tiempo. Por eso he emigrado, entre otras muchas cosas.

No soy la mayor fan de mi carrera ni de la Universidad Complutense de Madrid, ni siquiera del sistema academicista, pero sí que te diré que sirve para algo más que para entender las bromas de Muchachada Nui. Sirve, sobretodo, para saber en lo que no me quiero convertir.

Cuando era joven, o más joven que ahora, quería ser fotógrafa social o de skateboarding (ahí es nada). Bueno, realmente esto fue en la época en la que tenía que escoger mi carrera, antes había querido ser escritora, veterinaria, psicopedagoga y traductora. Todos mis sueños se vieron truncados por diferentes motivos. Mi padre encontró mi “primera novela”, la leyó, y aunque le gustó me dio tanta vergüenza que dejé de escribir. Tuve un profesor de francés horrible que se dedicaba a concursar en Quiere ser millonario en vez de ilustrarnos el passé composé con su sabiduría. Me dí cuenta de que podía tener perro sin tener que ser veterinaria. Y lo de psicopedagoga, desapareció de mi mente igual que vino. Así que mi futuro vino determinado por mi sueño idealista de ser fotógrafa y vivir en una caravana.

Aprendí mucho en la carrera, hasta aprendí a analizar películas desde el punto de vista freudiano (he visto cosas que no queréis saber). Pero sinceramente, sigo pensando que si estudio una carrera no lo hago con un sentido pragmático, sino más bien por un enriquecimiento personal. No tengo miedo a quedarme en paro porque creo que más tarde o temprano tendré esa desgracia de encontrar trabajo (¡y que encima me guste!). Cuánto lo deseamos y cuánto nos quejamos de él cuando lo encontramos. Debería ser como una relación de pareja. No la deseas pero acaba apareciendo. O al menos a mí me ocurre.

Si no persistí con mi sueño de ser fotógrafa fue porque me desencanté de la fotografía digital y porque en la actualidad cualquiera puede ser “fotógrafo”. Y porque no me quería cerrar a una posibilidad, dándome cuenta de que hay muchas otras cosas en la vida que me encantan.

No me molesta, creo que todo el mundo debe tener la oportunidad de desarrollar su lado más creativo, pero me crispa los nervios esa tendencia actual de “soy fotógrafo, pero le doy a mis fotografías un toque desenfocado porque queda más vintage y underground, molo mazo”. No es que crea que necesites una técnica impecable para ser un buen fotógrafo, ni una cámara que cuesta todo tu dinero del monopoly, pero sí que creo que, igual que en el Renacimiento estaba de moda ser humanista, en la Inquisición les divertía quemar libros y en los años cuarenta del s.XX si no eras totalitarista no estabas a la última, ahora si no tienes ese toque de grano, tonos sepia, desenfoque y una chica desnuda, si es rellenita mejor (esquelética también nos vale), no eres artista.

Estoy siendo muy injusta al hacer este tipo de generalizaciones y este post está siendo escrito un día en el que estoy un poco de mal humor, pero estoy un poco harta del mundo moderno, de los egos y de las ganas de ser protagonista. Normalmente me río de todo esto al más puro estilo Fauna mongola, pero hoy, amigos, y sólo hoy, haré un llamamiento a todos aquellos Comunicadores Audiovisuales, y les diré que he aprendido algo en la carrera: He aprendido lo que no quiero ser y que podemos llegar a ser muchas cosas, a la vez (¡ánimo camaradas!). Porque saber de algo, lo que se dice saber, creo que no tengo ni idea de casi nada (en general, en la vida, como en el deporte). No sé cómo me las apaño para dar la imagen opuesta, pero, no os engañéis. Y ahora es cuando mi madre dice que me tengo que vender mejor.
(Libro de bolsillo - de bolsillo alemán - de técnica fotográfica)

Mi padre**, que es un hombre muy sabio, siempre que me terminaba una novela y le decía que no sabía qué leer, repetía: “lee a los clásicos”. No le he hecho mucho caso y me quedan muchos clásicos por leer (acabo de terminar Alta fidelidad de Nick Hornby y me dispongo a leer Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind). Lo mismo le diría yo a los fotógrafos novatos o iniciados: Estudiad a los clásicos. Es la mejor forma de conocer la fotografía. Y es un consejo, no os estoy diciendo que no tengáis potencial y no os podáis convertir en la próxima Annie Leibovitz (afrontémoslo, la fotografía que os gusta es la publicitaria y de moda). Tan sólo os digo que antes que vosotros, hubo mucha gente que intentó hacer lo mismo, y os puede ayudar en vuestra carrera profesional y/o artística.

Por supuesto, también existen muchos fotógrafos contemporáneos, pero lo mismo hasta tienen tumblr.

Y con esto, me despido, atentamente. Candela.

* Os prometo que es verdad.
** Mi padre es una referencia constante en mi vida, así que seguramente aparezca constantemente en este blog.